Día 1 después del terremoto:

No había mucho que comer ni agua potable. Así que sobrevivimos durante dos días a base de las chucherías y refrescos que nos dieron en el refugio. Para Homer Simpson igual sería un paraíso, pero para nuestro sistema digestivo era la muerte. De modo que nos aventuramos por la ciudad en busca de víveres. Por supuesto, siempre acompañados de nuestros inseparables compañeros: los temblores.

Día 2:

Parece que hay algún sitio donde reparten agua potable. Esto es el puto The Walking Dead pero cambiando a los zombies por temblores. Después de 3 horas de bici encontramos el lugar. Por supuesto, ya no quedaba nada.

Día 3:

Algún konbini (tienda de conveniencia, o paki según el diccionario español) abre por las mañanas. A las 11 a.m. todos había agotado las existencias. Es el último día que pringamos.

Día 4:

7:00 a.m. Estamos en la puerta del konbini. Entramos. Se nos caen las lágrimas al ver que hoy desayunaremos comida… caliente. También nos hacemos con un montón de provisiones.

Por la noche descubrimos un refugio cercano en el que ofrecen comida recién hecha. No es mucho, pero maldita sea, es comida de verdad!

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